El reciclaje impulsa nuevos usos en ventanas, tuberías y aislamientos, pero la recuperación de residuos sigue siendo una asignatura pendiente.
En los últimos tiempos, el plástico ha ocupado el centro del debate ambiental como uno de los materiales más cuestionados por la generación de residuos, pero también por su dependencia de materias primas fósiles, lo que lo vincula directamente a las emisiones de gases de efecto invernadero y al cambio climático. Sin embargo, lejos de desaparecer, su presencia continúa creciendo en la construcción debido a su capacidad para reciclarse y tener una segunda vida. Según el informe The Circular Economy for Plastics, elaborado por Plastics Europe, en 2024 España incorporó cerca de un millón de toneladas de plástico reciclado, de las que una cuarta parte acabó destinada al sector de la construcción.
Los materiales plásticos empleados en la edificación de viviendas y presentes en ventanas de PVC, tuberías, aislamiento térmico o pavimentos tienen poco que ver con los productos de un solo uso. “Los materiales plásticos desempeñan un papel importante en numerosas partes de un edificio, aunque muchas veces no sean visibles una vez terminada la obra”, explica Ana Arenas, directora de Sostenibilidad de Sika, empresa de materiales para la construcción. Membranas impermeabilizantes, materiales aislantes, juntas o sellantes forman parte de esas instalaciones ocultas que protegen a los edificios frente a la humedad, las filtraciones de agua y las variaciones de temperatura.
El PVC de las ventanas es altamente resistente, con una vida útil de entre 30 y 50 años y la posibilidad de reciclarse una vez finalizado su uso, dice Jaime Fernández, director de Asoven, la Asociación de Ventanas de PVC. De hecho, la industria europea ha reciclado más de 17,6 millones de toneladas de residuos de este derivado del plástico desde el año 2000 y, solo en 2025, el sector recuperó cerca de 417.000 toneladas dentro del programa VinylPlus.
En España, la reutilización de los restos (recortes de perfiles de ventana, por ejemplo) generados durante la fabricación ya está plenamente implantada. En cuanto al residuo posconsumo (el que se genera después de haber sido utilizado), “nos encontramos en una fase de desarrollo logístico para captar el volumen creciente de unidades antiguas que empiezan a desmontarse. Debemos tener en cuenta que la ventana de PVC llegó a nuestro país en los años 80 y 90, y estamos asistiendo ahora al inicio de este proceso”, dice Fernández.
La misma narrativa se aplica a otros materiales aislantes. Mario Serrano, secretario general de AIPEX, la Asociación Ibérica de Poliestireno Extruido, recuerda que el XPS, un aislante fabricado con material plástico, puede triturarse y reincorporarse a nuevos procesos productivos. No obstante, reconoce que España todavía no dispone de una red suficientemente desarrollada para recuperar de forma sistemática los materiales procedentes de la demolición de edificios. “Ese es uno de los grandes retos pendientes del sector de la construcción”, señala.
No obstante, y a pesar de los atributos que concede el sector al material, la realidad es que es posible y deseable construir con menos materiales derivados del petróleo. Según explica Ander Echevarría, socio fundador de BioPasiva-Construcción Sostenible, se puede reducir en torno al 95% el uso de plásticos sin renunciar a las prestaciones de una vivienda. La clave está en seleccionar materiales naturales o de bajas emisiones que contribuyan a mejorar la calidad del aire interior y a disminuir el impacto ambiental del edificio. “Para comprobarlo, en Casa Sophia, entre las viviendas más sostenibles de España, monitorizamos durante cuatro años, mediante ocho sensores, parámetros como formaldehídos, compuestos orgánicos volátiles (COV), partículas en suspensión, radón, CO₂, temperatura y humedad. Los resultados confirmaron que una vivienda diseñada con criterios de salud y construida con materiales adecuados puede alcanzar una calidad del aire interior muy superior a la de una casa convencional”.
Material barato
También el ecólogo e investigador Fernando Valladares hace una reflexión sobre el impacto de este material: “La gran tragedia del plástico —que considera tóxico para la salud humana y los ecosistemas— es que es barato, lo que hace que lo estemos utilizando para todo. Además, la mala prensa de los combustibles fósiles por el cambio climático hace que los productores de petróleo estén encontrando en la producción del plástico su nuevo modelo de negocio”.
Además, la reciclabilidad teórica del plástico no siempre se traduce en reciclaje efectivo. Por un lado, los residuos de construcción y demolición suelen llegar mezclados con hormigón, madera, acero, yeso y distintos tipos de plásticos, lo que dificulta enormemente su recuperación. Por otro, muchos materiales son ligeros y ocupan un gran volumen, lo que incrementa los costes logísticos de recogida y transporte.
Es lo que Javier Alández, de Holcim-Geocycle y miembro del Clúster de la Edificación, denomina la “paradoja del residuo ligero”. Aunque el plástico representa apenas entre el 1,49% y el 1,60% del peso total de los residuos de una obra, genera una enorme presión logística porque, si no se compacta y separa correctamente, “el sector acaba pagando por transportar aire”. Por ello, insiste en que la segregación en origen resulta esencial para transformar un problema logístico en un recurso aprovechable.
Según un reciente estudio del Clúster, una correcta gestión de los residuos en la construcción, entre los que se incluye el plástico de envases y embalajes que protege los materiales hasta su puesta en obra, puede generar un ahorro de 320 euros por vivienda. “El plástico es la fracción con el mayor potencial de ahorro relativo”, señala Miguel Rodríguez, de la empresa Rockwool y coordinador del Grupo de Trabajo de Gestión de Residuos y Economía Circular del Clúster.
Desde el Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas), Arsenio Navarro, investigador en Construcción y Energías Renovables, asegura que el impacto ambiental de este material debe evaluarse considerando todo el ciclo de vida del producto: fabricación, transporte, uso, mantenimiento y gestión final. En aplicaciones como el aislamiento, las ventanas o las tuberías, los plásticos pueden reducir el consumo energético durante décadas, disminuir las necesidades de mantenimiento y prolongar la vida útil de los edificios.
No obstante, organizaciones ecologistas recuerdan que la circularidad no resuelve por sí sola todos los impactos asociados a los plásticos. Ecologistas en Acción ha reclamado una mayor apuesta por la reducción, la reutilización y el control de determinados aditivos presentes en algunos materiales plásticos.
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Fuente: El País
