Europa planea adaptar las infraestructuras al doble uso civil y militar, pero aún hay trabas regulatorias y falta financiación
“Quien desee la paz, que prepare la guerra”. Esta frase, formulada en un tratado de Vegecio en pleno declive del Imperio Romano, está hoy más vigente que nunca. La invasión de Ucrania y los continuos sobresaltos geopolíticos han obligado a la Unión Europea (UE) a invertir en defensa y en infraestructuras críticas: debe ser capaz de movilizar con rapidez tropas y recursos por tierra, mar y aire para no dejar flancos desprotegidos en su territorio. Y para ello necesita adaptar sus vías estratégicas al doble uso, civil y militar, de manera que las carreteras europeas puedan soportar la circulación de un Twingo o de un potente carro de combate. Las constructoras ven la oportunidad de negocio, pero hay algunos obstáculos regulatorios, operativos y de financiación.
Ya lo dijo el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius: la prioridad para la UE es mejorar la movilidad militar de aquí a 2027, con desplazamientos fluidos y a gran escala de tropas, equipos y medios militares que faciliten la puesta en común de recursos. Para ello ha puesto en marcha un Paquete de Movilidad Militar, conocido como el “Schengen militar”. Y se han identificado 500 proyectos que necesitan actualizarse urgentemente a este uso dual.
Las grandes constructoras ven con buenos ojos este objetivo. Desde OHLA reconocen que su experiencia les sitúa como un potencial beneficiario. “El posicionamiento en corredores estratégicos nos convierte en un candidato natural para futuras licitaciones ligadas a la movilidad militar”, señalan. Fuentes de Acciona lo califican como un mercado con potencial. “Vemos este ámbito con interés estratégico, especialmente allí donde la inversión en defensa converge con infraestructuras civiles, sostenibilidad, resiliencia y modernización de redes críticas. No se trata únicamente de construir más, sino de adaptar y operar mejor activos esenciales para que sean útiles en condiciones normales y, al mismo tiempo, estén preparados para escenarios extraordinarios”. Todo ello exige capacidades técnicas, financieras, experiencia en proyectos complejos, coordinación público-privada, con un alto cumplimiento en seguridad y trazabilidad. Y destacan la protección de infraestructuras críticas de energía, agua, telecomunicaciones y datos: aquí el doble uso se vincula a la continuidad de servicio, la autonomía operativa, la ciberseguridad y la recuperación ante incidentes híbridos.
Desde la Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarios de Infraestructuras (Seopan) señalan que las inversiones de adaptación deberían poner el foco en varios flancos: en la red viaria y corredores estratégicos, con el refuerzo de firmes, puentes y la adaptación de gálibos para el tráfico pesado. En la infraestructura ferroviaria, las inversiones deberían optimizar las conexiones ferroportuarias y gálibos, la interconexión europea y la adaptación de terminales logísticas para usos duales. En los puertos se deben ampliar capacidades logísticas, almacenamiento estratégico y adaptar los muelles de atraque y calados para operaciones de gran escala; y en los aeropuertos hay que reforzar las capacidades de carga y plataformas y servicios para responder con rapidez al transporte estratégico y de emergencias.
La tendencia de fondo es que la defensa se está integrando en la planificación de infraestructuras estratégicas, advierte Iván Rubio, socio de ingeniería y construcción de la consultora Deloitte. Con el uso dual, “hay una nueva categoría de proyectos caracterizados por un elevado componente técnico y mayores requisitos de resiliencia, ámbitos en los que las grandes constructoras españolas cuentan con capacidades diferenciales tanto en ejecución como en gestión de activos complejos”, sostiene.
Algunos “baches”
El motor normativo está en el Reglamento de la Red Transeuropea de Transporte (TEN-T), que define los criterios de elegibilidad de los proyectos de uso dual para la movilidad militar, y en el Reglamento de Ejecución 2021/1328, que detalla los requisitos técnicos. La financiación se articula a través del Connecting Europe Facility (CEF), pero espera la luz verde al presupuesto de 17.650 millones para 2028-2034. También están en tramitación los 70.000 millones que contempla el “Shengen militar”. Hay más instrumentos, como SAFE, con 150.000 millones de euros en préstamos para la cooperación entre países, o la financiación del Banco Europeo de Inversiones (BEI), entre otros. Además, el 12 de junio se activó la cláusula de salvaguardia nacional para España, con más flexibilidad fiscal para el gasto en defensa.
“Probablemente ningún instrumento será suficiente por sí solo. Este tipo de proyectos requerirá combinar financiación europea, aportaciones nacionales y, en determinados casos, modelos de colaboración público-privada, siempre que exista una asignación equilibrada de riesgos”, destacan desde Acciona.
Los planes y la oportunidad están ahí, pero también hay algunos “baches”. Además de la financiación pendiente de aprobación, están los problemas de coordinación de los distintos Estados miembros y la fragmentación normativa, con plazos de autorización diferentes. Otros obstáculos son la disparidad en los anchos de vía en España, o gálibos de túneles, capacidad de puentes, etcétera.
Además, el acceso a estos fondos depende de que quede bien acreditado el fin de facilitar el uso mixto, advierten desde el bufete Uría Menéndez. “En los contratos de adjudicación de obra, servicios, suministros o concesiones, los pliegos y contratos administrativos, que estarán sujetos en principio a la normativa general de contratación pública y no a la de contratación en materia de defensa, deben definir con precisión su condición de proyectos de doble uso, de manera que puedan acceder a fuentes mixtas de financiación. En los contratos de construcción, financiación y mantenimiento de infraestructuras de movilidad militar, será posible acudir a fórmulas contractuales propias de la colaboración público-privada y de financiación de proyectos, que deberán incluir también la previsión del posible uso militar de la infraestructura”, explica Mariano Magide, socio del despacho de abogados. “La mayor parte de la red de movilidad militar requerida coincide con la TEN-T, un conjunto planificado de redes y corredores prioritarios de transporte dentro de la UE. Prácticamente cualquier obra civil en los corredores debería ser financiable como doble uso”, reflexiona Sebastián Sáenz de Santa María, socio de financiero y miembro del área de defensa de Uría.
“El reto principal no es tanto la disponibilidad de recursos como la capacidad de transformar esa financiación en proyectos ejecutables”, subraya Iván Rubio. Entre los especialistas, hay coincidencia en que el actual contexto geopolítico exige acelerar estos planes. Como señaló el estratega chino Sun Tzu, el mayor triunfo de cualquier conflicto bélico consiste en someter al enemigo sin combatir. El reto para Europa es reforzar sus capacidades y mejorar su infraestructura para ser capaz de disuadir cualquier posible agresión.
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Fuente: El País
