La aguja central convirtió la basílica en la más alta del mundo. La cruz blanca que la corona se podrá visitar en 2028
¿Cómo es la torre y por qué es tan importante? Es la aguja central y la más alta de la Sagrada Familia, y con 172,5 metros de altura ha convertido la basílica en la más alta del mundo. Ubicada en línea recta sobre el altar de la nave central, Gaudí la ideó de 172,5 metros, medio metro menos que la montaña de Montjuïc, el punto más alto de la ciudad. Para construirla se ha utilizado una grúa cuyo operario tiene la cabina a 140 metros de altura y que, con los brazos desplegados, alcanza los 200 metros.

La torre de Jesucristo forma parte del conjunto central de seis torres de la basílica y está rodeada por las cuatro dedicadas a los evangelistas y la de María (todas con alturas superiores a 135 metros). Y a diferencia de las ocho torres de las dos fachadas terminadas (Nacimiento y Pasión, de 100 metros) no se aguantan de forma parabólica directamente sobre el suelo. En este caso, al estar sobre la nave, se apoya sobre el crucero que forman las columnas de la sala, que se ramifican como árboles y van distribuyendo el peso. Porque a diferencia del estilo Gótico, Gaudí no soportó las vueltas en contrafuertes o arbotantes colocados en las fachadas, sino en árboles de columnas cuyos troncos salen de los cimientos, explica el arquitecto director de la Junta Constructora, Jordi Faulí, el noveno que ha tenido el templo. Y en el interior, la dovela (o clave de arco) se convierte en un punto de luz, porque el peso lo aguantan las columnas.

Además de la altura y la centralidad, la torre de Jesucristo destaca porque está coronada por una inmensa cruz blanca de cuatro brazos (pensada para que se mire desde donde se mire dibuje una cruz en dos dimensiones) de 17 metros de altura, el equivalente a un edificio de algo más de cinco plantas. La cruz, con ventanas de cristal y que se iluminará en ocasiones especiales desde las torres que la rodean, es un portento tecnológico que no se hubiera podido construir cuando Gaudí la dibujó.
Tiene un esqueleto metálico y de hormigón de última generación que fue construido en Gundelfingen (Alemania). Y está revestida de 15.000 piezas de cerámica de unos 500 moldes distintos y de siete blancos distintos y nacarados, para que reflejen la luz. Unas piezas que se fabricaron en la histórica empresa Cumella (fundada en 1880) que ha trabajado en otras obras de Gaudí como en la restauración del trencadís, el mosaico del Park Güell. Las piezas (pie, cuatro brazos y cierre superior) llegaron a medio construir y se acabaron de ensamblar en un patio de trabajo del templo a 54 metros de altura, donde se les colocaron también los cristales. Y fueron colocados entre finales de 2025 y el 20 de febrero de 2026.
Obra de la Sagrada Familia

La torre se abrirá al público, pero no será hasta 2028. Primero hay que terminar el interior y lo más complejo, construir un ascensor de acristalado. Quienes quieran llegar hasta la cruz, con todo tendrán que subir el último tramo a pie, para que “quienes lleguen a la luz deban hacer un esfuerzo final”, explica la Junta Constructora.
Gaudí llegó a la Sagrada Familia en 1883, tenía 31 años y destinó al templo 42 años de su vida, los últimos 14 de manera exclusiva, porque al cumplir 61 se dio cuenta de que si no lo hacía así “no podría dejar suficiente información”, explicó hace unas semanas Faulí. Trabajaba en el taller, y el último año incluso vivió allí. Antes de morir dejó terminada la parte del templo que es Patrimonio de la UNESCO: la cripta, la fachada del nacimiento y las cuatro primeras torres (una terminada entera, la de Bernabé, con el campanario acabado).

Faulí destacó que la torre de María y la de Jesucristo consiguen eliminar los elementos estructurales. La de María tiene 800 ventanas en un tramo final de 60 metros blanco pensado para el silencio y cuyo lucernario ilumina el altar. En la de Jesucristo, en el centro del brazo superior habrá una escultura de un cordero, de manera que desde las ventanas de la cruz se vea que hay una figura rodeada de elementos dorados.
En Barcelona, los responsables municipales y de turismo aseguran que con la estrenada altura y cruz, la Sagrada Familia ha dado un salto de icono de ciudad a icono global, entrando en el catálogo de monumentos como el Taj Mahal (en la India), la torre Eiffel en París (Francia), el Machu Pichu (Perú) o la estatua de la Libertad de Nueva York (Estados Unidos). Una notoriedad que será todo un reto gestionar para una ciudad que desde hace un tiempo asume que la masificación turística no puede crecer y que se quiere limitar y gestionar el turismo.
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Fuente: El País
