Análisis y Competencia.
De acuerdo con el Foro Económico Mundial, las mujeres representan apenas el 28.2% de la fuerza laboral en las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) y poco más de una décima parte de los puestos de liderazgo en estos sectores. La evidencia demuestra que el talento se encuentra y que se forma, pero que, en algún punto del camino, deja de avanzar. Todo comienza con estereotipos que influyen en las decisiones vocacionales desde edades tempranas. A ello se suman la ausencia de referentes femeninos en puestos de mando y la fuga de aptitudes, impulsada por barreras como la maternidad, la escasez de redes de influencia y el limitado acceso a patrocinadores corporativos.
Sin embargo, hay un aspecto que merece especial atención porque está relacionado con la capacidad de acción de las propias mujeres en ingeniería: la autoeficacia, es decir, la confianza en la propia capacidad para asumir desafíos, tomar decisiones y generar impacto.
Cuando una persona forma parte de una minoría en su entorno laboral es factible que sus errores sean más visibles, que deba demostrar su capacidad con mayor frecuencia o que encuentre menos referentes con trayectorias similares a las que aspirar. Incluso, las ingenieras reciben un menor respaldo formativo y opciones de ascenso que los varones, a pesar de mostrar niveles equivalentes de compromiso con sus carreras. De esa manera, con el tiempo, estas vivencias pueden afectar la percepción que poseen sobre su propio potencial, incluso cuando cuentan con las competencias para afrontar nuevos desafíos. La seguridad técnica no es una condición innata, sino una facultad que puede desarrollarse. Fortalecerla se convierte en una herramienta fundamental para sostener el crecimiento, asumir nuevos retos y proyectarse hacia puestos de mayor responsabilidad. Algunas de las acciones con mayor repercusión son impulsar la proyección laboral, potenciar destrezas de negociación y construir redes orientadas a oportunidades reales. Las ingenieras que alcanzan puestos de mando no destacan únicamente por su aptitud técnica, sino también por comunicar su valor, visibilizar sus logros y generar alianzas estratégicas. Son virtudes que se desarrollan con práctica, intención y perseverancia. Por eso, la interrogante más importante no es si el trayecto es difícil, sino qué tan visible, qué tan estratégica y qué tan convencida de su propio valor está siendo cada ingeniera al recorrerlo. El talento se halla latente, las oportunidades también, pero hay un espacio de acción que nadie puede tomar por ellas. Cuando una mujer decide creer en su capacidad para liderar, innovar y ocupar áreas de decisión, transforma su propia carrera y abre paso para muchas otras que seguirán sus huellas.
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Fuente: El Peruano
