Construir sobre lo construido entre Planes de Desarrollo Nacionales, Departamentales y Municipales podría servir.
Para la empresa, lo propuesto no debe limitar a los consumidores ni el desarrollo del comercio electrónico.
Cada Plan Nacional de Desarrollo (PND) ha servido, desde sus inicios con los Alberto y Carlos Lleras, como guía de inversión y, en las últimas décadas, como orientación política de los gobiernos. Incluso ha servido de marco legal para muchas de sus acciones posteriores. Los planes de desarrollo nacieron con base en la misión Currie del Banco Mundial, en 1949; era la génesis del área de desarrollo económico después de la guerra donde se empezaron a diferenciar el primer y el tercer mundo a partir de sus economías.
Posteriormente vino la creación del Departamento Nacional de Planeación, en 1958. Durante casi siete décadas, la entidad ha respaldado con cada PND el presupuesto de inversión de cada gobierno, casi siempre bajo estrictos parámetros técnicos. Cada PND ha sido, además, una brújula adecuada para los funcionarios del gobierno de cada cuatrienio y para la opinión pública. Pero muchos programas y problemas nacionales toman más de cuatro años en ejecutarse o resolverse.
En lo presupuestal, las vigencias futuras han ayudado a que las obras de infraestructura de gran calado logren arrancar y terminarse; para muestra, un botón: el metro de Bogotá. Son obras que perduran décadas. Los programas sociales son aún más complejos, pues tienen otros horizontes. Primero, porque avanzan por prueba y error en sus metas y en su ejecución, a diferencia de la ingeniería civil, que tiene cientos de años de desarrollo.
Segundo, porque llegar a mayor profundidad en alcance poblacional o en impacto sobre los grupos sociales implica mayor dificultad. Por eso sus indicadores deberían contar con planes decenales o de mayor plazo. La educación, el hambre y la salud son buenos ejemplos. En algunos casos, como en educación, esos planes existen hoy, pero son apenas indicativos y pasan inadvertidos para la opinión pública. Otra dimensión es la de los planes departamentales y municipales.
Con la debida independencia que les da su autonomía política y la diferencia en su temporalidad, serían deseables unas guías de parámetros compartidos. El gobierno actual, por fortuna, no podría ser más distinto del anterior; por eso su plan será, obviamente, diametralmente opuesto. Pero hay un tema que sí puede ser relevante desde el punto de vista de la continuidad y de la relación con las regiones: el PND podría recoger los elementos más exitosos de los ‘siete magníficos’, los alcaldes de las ciudades principales que lo han hecho tan bien en estos dos años y medio, y de cierta manera darles continuidad.
Por ello construir sobre lo construido con un hilo conductor entre los Planes de Desarrollo Nacionales, Departamentales y Municipales podría servir para la continuidad de políticas exitosas. Igualmente, entre ciertos planes de ciertos gobiernos; el futuro de una nota como esta es que no se quede como sea una idea flotante en el aire, sino que se pudiere examinar a fondo en un grupo de estudio de los entendidos.
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Fuente: Portafolio
